Lic. Prof. Ana Dorfman

La escasa incorporación del colectivo de personas con discapacidad (PcD) al mundo del trabajo, es una de las manifestaciones palpables de las dificultades que existen para integrar "lo diferente" a nuestros ámbitos sociales cotidianos. Diversas evidencias nos hacen confirmar  que el desconocimiento y la invisibilización de la problemática, es un factor que contribuye significativamente a producir y reproducir esta exclusión. Es por ello que consideramos que resultan fundamentales los aportes que desde  los diversos ámbitos e instrumentos como lo es esta publicación puedan realizarse para difundir la voz y la experiencia concreta mayormente plagada de dificultades de las PCD en su proceso de inserción laboral.

Si bien la legislación argentina es abundante y diversa  con miras a  favorecer  la inserción laboral de Personas con discapacidad, como por ejemplo leyes respecto a reservas de puestos  laborales, excepciones y reducciones impositivas, subsidio para quienes empleen personas con discapacidad y otras, no se logra que estas tengan real impacto positivo. Ello se debe a que las leyes   son poco conocidas por los actores que deberían aplicarlas y utilizarlas, ya se trate de  los   organismos  gubernamentales, empresas privadas o las personas con discapacidad.

Se suma a ello otros factores que inciden en la exigua inserción laboral de las personas con discapacidad, estos son: la discriminación, el prejuicio y el desconocimiento del potencial laboral  de estas personas.

Los dos primeros,  discriminación y prejuicio se erradican con la educación,  lo que consecuentemente conlleva al cambio actitudinal. Y el tercero, el desconocimiento,  se elimina  con  información y capacitación.

Gran número de personas  manifiestan  el temor  a no saber como tratar o conducirse frente a aquellas que tienen  discapacidad, más  aún en el ámbito laboral. Ejemplo de ello es cuando los empleadores suponen que el  rendimiento de un trabajador con discapacidad es menor,  y no le exigen lo suficiente. Sin embargo, este es un supuesto errado, dado que si se selecciona a aquel  con las habilidades necesarias para el puesto, seguramente será un empleado/a eficaz y se le debe solicitar que cumpla con sus tareas a igual  que el resto .

Dada estas y otras situaciones de desventaja que enfrentan las personas con discapacidad para lograr ubicarse laboralmente,  podemos preguntarnos como reducir  este perjuicio. La respuesta es que cada  componente  que conforma el entramado del “Trabajo” debe hacer su parte comenzando por el Estado quien tiene una obligación indelegable: el deber de   fortalecer todos los eslabones que concadenados  producirán que las personas con discapacidad,  trabajen  dignamente.

El primer eslabón es la educación. La responsabilidad del Estado es  posibilitar un buen nivel educativo equiparado al resto de la población. Entendiéndose como  la enseñanza  no solo de los años de educación obligatoria sino, la capacitación a lo largo de toda la vida. Una inadecuada educación, reduce sustancialmente las oportunidades laborales
Otro aspecto fundamental de esta cadena  que el Estado debe contemplar, es la accesibilidad física tanto en el trasporte como en  los espacios públicos (veredas, calles, accesos, otros). La conformación de ciudades accesibles  permitirá que aquellas personas con movilidad reducida o usuarias de silla de ruedas logren  trasladarse a  sus lugares de trabajo sin gastos adicionales como lo sería el uso del  transporte privado ( taxi, remis).

Asimismo, la elaboración, aplicación y difusión  de programas  adecuados y suficientes para dar respuesta a las diferentes modalidades de trabajo ya sea autoempleo, cooperativas, trabajo bajo relación de dependencia, otros,   representaría  un aporte sustancial por parte del Estado para dar respuestas,  en este sentido.

Un actor clave en la inserción laboral de las Pcd es la empresa privada.

Es primordial que las más altas autoridades (jefe, directorio, empresario, dueño, etc) de estas, decidan tomar el desafío de contratar personal con discapacidad. El  compromiso debe ser comunicado a quienes están a cargo de la  contratación del personal.

En ocasiones,   para que la persona con discapacidad  desempeñe adecuadamente su labor se deberá realizar adecuaciones ya sea en el espacio físico, en las herramientas de trabajo, o en los procesos. Sin embargo, ello debe verse como un aporte y no como un gasto dado que,  la incorporación de un empleado con discapacidad,  generalmente fomenta un buen  clima de trabajo.

La figura central que también debe contribuir con su accionar para incorporarse a la fuerza laboral,  es la persona con discapacidad.

Conducirse de manera  preactiva en la búsqueda de empleo aportará  a ello significativamente. Comenzando con  el reconocimiento de  sus fortalezas y habilidades como así también sus limitaciones y debilidades a fin de armar el perfil laboral (acorde a sus conocimientos y capacitación). Con ello, buscar las mejores oportunidades en el mercado laboral.

Es  fundamental el acompañamiento familiar, no desde la posición  asistencialista  que debilita y socava la intereses y capacidades.

Es fundamental realizar investigaciones, encuestas y censos  que aporten datos actualizados   acerca de la magnitud de la problemática que se enfrenta respecto al personal con discapacidad con posibilidad de trabajar. Ello permitirá encarar políticas públicas más acorde con la realidad y de esta manera se podrá sumar soluciones.